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César Gómez Motta nos ofrece en este libro un interesante y emocionante relato de la cruenta Guerra Civil Española y sus secuelas posteriores, con la internación de infinidad de extranjeros en el campo de concentración de Miranda de Ebro, por el que pasaron más de 60.000 prisioneros. Este relato testimonial narra episodios de la vida del autor, antes y durante la guerra, centrado en su paso por las cárceles franquistas y dicho campo. Al estallar la guerra, César Gómez Motta, que se encontraba en la zona franquista, se vio separado de su padre, que quedó en la zona republicana, y de su madre, que estaba en Argentina. Al finalizar la guerra, el solo hecho de ser extranjero le valió pasar por varias cárceles, hasta ser confinado en el campo de concentración de Miranda de Ebro, en el que estuvieron presos más de medio centenar de argentinos. A pesar de que pocos de ellos habían participado del conflicto armado, el gobierno argentino nunca tomó cartas en el asunto. Además de ser un interesante testimonio, este libro es una denuncia a las autoridades de la época, que dejaron desamparados a tantos ciudadanos argentinos. Las vicisitudes de los argentinos quedan fielmente reflejadas en este relato, así como su tormentosa liberación y repatriación después de años de incertidumbre y penuria. Los recuerdos, las pruebas aportadas, las investigaciones en los archivos de Guadalajara, Salamanca, Londres y Buenos Aires, así como las anécdotas, se mezclan dentro de este descarnado relato y hacen de él un valioso documento.
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César Gómez Motta nos ofrece en este libro un interesante y emocionante relato de la cruenta Guerra Civil Española y sus secuelas posteriores, con la internación de infinidad de extranjeros en el campo de concentración de Miranda de Ebro, por el que pasaron más de 60.000 prisioneros. Este relato testimonial narra episodios de la vida del autor, antes y durante la guerra, centrado en su paso por las cárceles franquistas y dicho campo. Al estallar la guerra, César Gómez Motta, que se encontraba en la zona franquista, se vio separado de su padre, que quedó en la zona republicana, y de su madre, que estaba en Argentina. Al finalizar la guerra, el solo hecho de ser extranjero le valió pasar por varias cárceles, hasta ser confinado en el campo de concentración de Miranda de Ebro, en el que estuvieron presos más de medio centenar de argentinos. A pesar de que pocos de ellos habían participado del conflicto armado, el gobierno argentino nunca tomó cartas en el asunto. Además de ser un interesante testimonio, este libro es una denuncia a las autoridades de la época, que dejaron desamparados a tantos ciudadanos argentinos. Las vicisitudes de los argentinos quedan fielmente reflejadas en este relato, así como su tormentosa liberación y repatriación después de años de incertidumbre y penuria. Los recuerdos, las pruebas aportadas, las investigaciones en los archivos de Guadalajara, Salamanca, Londres y Buenos Aires, así como las anécdotas, se mezclan dentro de este descarnado relato y hacen de él un valioso documento.